Papel crema: sello Amotape Libros. Papel blanco: sello Viringo Cartonero.
Ninguna de las naves que pasaban me llevaban. Habla, ¿a dónde vas?, A Andrómeda con Universo, No, no voy, chino. El que me hablaba era uno que sacaba medio cuerpo por la ventana, sosteniéndose con un brazo de la nave, pequeña y frágil. Pensé que tiene una habilidad tremenda para hacer eso en el Espacio. Hacer eso podría hacer que te pierdas por el universo, rodar, rodar, dar vueltas hacia donde no hay luz, o hacia la luz que nunca se apaga, la que no paga recibo. Apareció de pronto una nave más pequeña. El piloto estaba mucho más protegido. La mototaxi. Por fin un invento peruano en el Universo, dije. ¿Acá a Andrómeda con Universo?, Tres soles, Dos, pe, tío. Dos cincuenta vamos. Ya. Me subí a la nave. Andrómeda con Universo. Mientras avanzaba la vista iba cambiando. Todo era muy parecido a mi barrio: parques, las casas, los colegios, los enrejados, la gente que pasea a sus perros y dejan que se caguen por doquier, sin limpiar, la gente que bota basura. ¿Hasta dónde lo llevo?, ¿Ya pasamos Andrómeda con Universo?, Sí, acá atrasito es, pe. Le doy los dos soles cincuenta. Al bajar estaba en Universo. Era parecido a los barrios de mi distrito, los universos sanjuaninos: casas sin tarrajear, sin pintar. Llego a la esquina con Andrómeda y es muy similar. Había un árbol totalmente podado. Pelado como un cadete, como un perro, pero en otra ciudad, no la de Vargas Llosa. Llego a la dirección que me dijo. Toco la puerta. ¿Se encuentra Alfredo? En el segundo piso es. Toca, no más, o sílbale. Pensé que había llegado más temprano, pero fui yo el que llegó demasiado temprano. Me senté junto al árbol a esperar.
Imparable, siempre mostrándome libros.
Al rato una combi se para al frente. Llega Alfredo. Lo saludo. Me cuenta que viene de juntarse con su amigo y colega Limache, Óscar Limache, poeta de los buenos, de los caletas, el que si fuera una figurita de un álbum de poetas peruanos sería un holograma. Me cuenta que están en futuras ediciones, que a partir de la última presentación en la FIL Lima (Feria Internacional del Libro) obtuvo una propuesta de trabajo. Era 3 de agosto del 2014. El libro que presentaban era El reverso de las cosas, del escritor brasilero Carlos Drummond de Andrade (O avesso das coisas, en portugués), de traducción de Ohmar Cachay y Óscar Limache, pero que salió bajo el sello editorial de Alfredo, Amotape Libros. Ese día contaron acerca de lo que fue su trabajo de edición y traducción junto a Óscar. La gente se reía de los comentarios. Estaba tanto gente conocida como desconocida para ellos. Estuvieron también representantes de la Embajada de Brasil.
Recuerdo de sus últimas presentaciones.
Alfredo ya ha publicado diversos libros de poetas brasileros contemporáneos: Paulo de Toledo, Ademir Demarchi y Cândido Rolim. También el libro Stray birds (Pájaros extraviados) de Rabindranath Tagore, escritor hindú, premio Nobel de literatura. Ha estado últimamente en el Festival Caravana de poesía en Cuzco, donde presentó su producción y dictó talleres cartoneros: talleres para hacer libros de edición cartonera, libros con material reciclado.
— Digamos que yo me encargaba de la parte técnica — me dice Alfredo—, de decir Vamos a cortar así, asá, a pintar así, a pegar... todo eso. Y Óscar se encargaba, por decir...
— De la parte teórica —le digo.
— Sí, más o menos así. Les contaba la historia de las cartoneras, qué era una cartonera, cuáles son las que existen, etc. Pero, al final igual terminamos siempre haciendo lo práctico los dos.
— ¿Le gustó a la gente? ¿Hubo interés?
— Sí, claro. Había gente de distintas edades. Nuestro objetivo con esto es ir, hacer, enseñar, que los chicos aprendan haciendo y que decidan trabajarlo, que puedan tener una oportunidad de trabajo.
El libro que me recibió cuando llegué.
Alfredo viene realizando esta labor bajo el sello de Viringo Cartonero. Precisamente en la mesa hay uno. Se llama Reo de las sombras, de Fernando Vargas Valencia. Logro distinguir que es una jaula, una ventana de prisión en el cielo, hecho a témperas, sobre un cartón. Lo abro. Esto debe tomar tiempo, me dije. ¿Cómo hace para mantener sus actividades de estudiante, editor, lector, enamorado y cartonero? ¿Cuántos de éstos podrá hacerse?
— Unos cuantos.
— ¿Y si te dedicaras a tiempo completo?
— Un tiraje de 50 como máximo.
— ¿Y qué pasaría si te llaman de todos lados para hacer talleres cartoneros?
— Puedes vivir haciendo talleres, pero tampoco la idea es cobrar. La idea es hacer libros con la gente, con gente que necesita, que ellos mismos se sustenten vendiéndolos.
¿Alguien que hace algo con fines sociales? Hoy en día es raro ver que una empresa sea responsable socialmente. Incluso las más grandes, las internacionales, las mineras, no lo hacen ni se preocupan. Me he confundido. ¿Cómo alguien sin dinero o sin mucho dinero puede hacer algo así?
— Has hecho lo que hace una empresa, pero al revés.
— Jajajaja... Sí, fue al revés.
— Por eso que las empresas no le toman importancia a la cultura.
— Sí. Primero se piensa en generar dinero, luego en preocuparse de los demás. Pero en Amotape ha sido distinto. Estamos enfocados en lo cultural. Somos una empresa diversificada, autosostenida, independiente. La edición es un camino para hacer cosas culturales, sociales, artísticas. A las otras empresas les pasa que cuando están arriba se olvidan de lo que está abajo. Preparar libros y estudiar es la fregada. Se necesita el mismo tiempo y dedicación.
Precisamente ese tiempo y dedicación es el que necesita para prepararse para sus futuros proyectos, por eso ha dejado la universidad hasta el próximo año. En octubre irá a un encuentro de editoras cartoneras en Chile. ¿Cómo se llega a esto? ¿Por qué trabajos habrá pasado nuestro habitante de Andrómeda con Universo para llegar a donde está?
— Yo de chiquito lavaba carros. Limpiaba el carro de un doctor.
— ¿Cuándo fue eso, maso?
— Verano del 97, creo, en Piura. Luego fui recolector de algarroba. Íbamos un manchón de chibolitos a recolectarlas y luego venderlas.
— Entonces necesitabas dinero en esa época.
— No, no era eso. En Talara las cosas son distintas. De hecho si hubiese vivido acá en Lima sí me hubiera dado cuenta de la diferencia, tal vez me hubiese considerado pobre, digamos. Pero en Piura no. Por las mismas petroleras cae algo para la gente, entonces no me fijaba en eso. En Talara había una situación más homogénea. No había diferencias, no las percibía. Para mí era parte del juego. Yo buscaba siempre hacer algo, hacer cosas.
Restos de una carrera que nunca ejerció.
Me confirma con su risa que siempre fue inquieto. En el 2003 viene a Lima y su trabajo seguía siendo voluntario. Apoyaba en una carnicería en el mercado, por un amigo que le pasó la voz. Cuando terminó el colegio trabajó de "muñequito", como él mismo dice, para una constructora. Luego fue ascendiendo de puesto.
— Aún siendo muñequito me dieron la administración de la tienda. Era el gerente de los muñequitos. Luego ya pasé a oficina. Me daban tiempo para estudiar inglés en las mañanas, por eso llegaba 9, 9 y 30. Antes de eso, estudié para ser Bartender pero nunca lo ejercí.
— ¿Qué pasó?
— No me gustaba amanecerme. Además, estuve leyendo el libro "La vaca"...
— ¿El de autoayuda?
— Jajajaja... Sí. Mi jefa lo compró para que lo leyera y se lo explicara luego. Allí aprendí que no hay que hacerle caso a los libros. Justo en una parte leí que había que andar en constantes cambios y justo me vino una oportunidad para trabajar en un restaurante. Mi profe me había recomendado.Estando en Pardo, en el óvalo...
— ¿El que está pasando la Embajada de Brasil?
— Sí, ese. Me bajé y me fui a mi casa. El trabajo donde estaba no era tan malo. Me mandaban a hacer N cosas, ir de un lado para otro; todo era combis, pasajes. Entonces ahí aprovechaba para leer.
— ¿Y qué pasó? ¿Es ahí cuando decidiste estudiar literatura en San Marcos?
— No. En el 2010 sentí que llegué a un tope en la empresa. No había estudiado nada, ni administración, ni nada. En ese momento pensé en estudiar en la universidad. Mi primera opción fue Dereho. Me gustaba leer y no quería morirme de hambre. También pensé en Comunicación Social, pero me decidí por Literatura. Todas las lecturas que había tenido me ayudaron en mi comprensión, por lo tanto, en mi preparación.
En esta época comienza a hacer viajes por Quilca, Camaná y Amazonas, las tres tribus libreras que sobreviven al crecimiento de esta ciudad. Se volvió tan asiduo concurrente que pronto ya era parte de las tribus. Los habitantes lo conocían. Comenzó a hacerse amigos. Fue absorbido por esa masa y pronto hacía lo que hacían ellos, pero de una manera distinta: comenzó a vender libros por internet. Mejor dicho, los revendía. A mí me vendió un librazo (lo digo por lo genial) de cuentos de Cortázar, Final del juego. Era algo que yo nunca hubiera encontrado. Yo he ido muchas veces, pero usualmente mi interés por los libros se me escapa cuando veo discos, cassettes, música. Sin embargo, Alfredo no estuvo exento de tal tentación. Ha adquirido también discos piratas, como yo. Su primer disco fue Giant Steps de John Coltrane.
— Me acerqué a un tío y le pregunté, ¿tiene jazz?, ¿cuál me recomienda? Y me recomendó ese.
El disco que lo introdujo al jazz: Giant Steps, de John Coltrane
Tiene también a Nicomedes Santa Cruz, un disco de Blanca Varela, entre otros. Giant Steps. Ahora este título no para de darme vueltas por las cabeza. Pasos gigantes. Giant Steps. ¿Acaso era este el presagio de lo que le venía en el futuro? Busco el disco en Youtube. Había escuchado algunes temas que están ahí pero no el álbum completo. Giant Steps. Le pongo Play. Al instante recibí unos ataques saxofónicos tremendos, junto a su artillería de bajo, piano y batería. Ataque de negras, corcheas, fusas, semifusas. Así mismo me sentí atacado cuando llegue a la casa de Alfredo: fui atacado por libros.
El primer ataque fue con un libro de poesía de Octavio Paz, el cual tenía el título en alemán, In Mir Der Baum (Árbol adentro). Era una edición bilingüe. Recuerdo que ese primer ataque me aturdió. Lo leí. Yo trataba inútilmente de aprender alemán en ese instante mientras él sacaba más libros. Dejé mis preguntas de lado. Él agarraba uno, dos, tres, como si extrañara verlos, tocarlos. Su ataque es imparable. Ahora me manda a Neruda para noquearme. Giant Steps. Pasos gigantes. El título del libro era El habitante y su esperanza, también en edición bilingüe (Der Bewohner Und Seine Hoffnung). Todo esto fruto de sus pasos por las tribus libreras, por sus pasos, de la mano de Giant Steps.Pasos gigantes. Andrómeda con Universos. Alfredo da pasos gigantes desde Andrómeda con Universo. Le tomo foto con algunas de sus producciones. ¿A dónde lo llevará su trabajo? ¿A dónde llegará? ¿A dónde vas, Pasos gigantes?
Alfredo con algunos de sus hijos. A sus 26 años tiene más de 20 hijos editados.
Entrevista parida el 09/09/2014.
Chorrillos, Lima, Perú.
No hay comentarios:
Publicar un comentario