Me incomoda. El tren con olor a área de pescados de
supermercado me incomoda. De dónde viene ese olor de mierda. Ese ambiente lleno
de aire acondicionado me incomoda. Si no hubiese también me incomodaría pues me
daría calor. Me hago mil preguntas por el origen del olor. Imagino que dejan
entrar a todos, sin excepción. Seguro subieron vendedores de pescados con
dirección a sus casas. El tren es inclusivo. Me gusta. Qué bien que dejen
entrar a todo el mundo, pero me incomoda. Sin embargo trato de hallar mi
comodidad en la incomodidad.
Escribir esto me ha hecho olvidar el olor. Ya no miro
amargo a todos. Ya no tengo ganas de golpearlos o mandarlos que se bañen. Ya no
se siente. Se fue, o se bajó. Tal vez el vendedor se bajó. Pero, carajo, no.
Otra vez vuelve. Subió en San Borja Sur. Menos mal me bajo en La Cultura. Una
pareja a mi lado está bien abrazada pese al olor: se apachurran, se besan.
¿Acaso no sienten el olor? ¿El amor? Deben estar en el primer mes, seguro,
donde hasta sus pedos se pasan. Me incomoda. Pero estoy a favor del no tener,
de la defensa del ambiente, de no consumismo, ni del con su otro. No quiero
comprarme un carro. Me jode, me incomoda. Aún así encuentro comodidad en la
incomodidad. Además que tampoco tengo plata. No soy como el príncipe Sidarta
Gautama que abandona su palacio para buscar las respuestas a sus preguntas, a
su vida. Incluso él, siendo príncipe, pasó de la comodidad (o incomodidad) a la
incomodidad (o comodidad); depende de qué lado se vea.
Por ejemplo, suelo ver memes en mi Facebook. Me acuerdo
de uno que decía: ‘El dinero no da felicidad, pero prefiero llorar en un
Ferrari. Para esas personas, las que publicaron eso, sería pasar de la
comodidad a la incomodidad. En cambio, parar los que postean frases de
escritores, filósofos, poetas (citados textualmente de libros y no de memes); o
para los que postean documentales enteros sobre problemáticas mundiales:
Plastic planet (1), Sicko (2), Food Inc (3), entre otros, y que nadie le da
‘like’; o para los que tienen un empleo relacionado al arte y la cultura, les
parecerá que nuestro amigo Sidarta pasó de la incomodidad a la comodidad. O,
como el que escribe esto, que logró encontrar comodidad en la incomodidad de su
mundo.
Y así trato de vivir, pero la incomodidad también nos
arrastra. Nos hace cambiar de valores, de respuestas, de pensamiento. ‘En eso
tienes razón, quién no le mira el culo a una chica en la calle o las tetas si
las tiene buenas. La vez pasada pasó una chica con un cuerpazo. Puta, tío, para
qué hacer descripciones, mucha enfermedad. Sino párate un toque en La Cultura y
verás cuán diversa es la riqueza de la mujer peruana. En Gamarra también, si es
que te gusta con más sabor peruano. Pero sí me llega al pincho cuando miran a
mi flaca’. Me hizo recordar a una canción: ‘¿Qué es lo que está mal? / Un
hermoso paisaje hay / ¿cómo no voy a mirar? / Y, ¿qué problema hay? / Dios ojos
me dio, obvio que los voy a usar / Sé que la mujer es mucho más que un objeto
sexual / Pero, cuánto cuesta esquivar tan arraigado sentimiento an…’ (4)
― Deja eso y come tranquilo, hijo ― me mira fijamente,
moviendo la cabeza.
― Lo que pasa es que tengo que escribir para un periódico
― le digo, avergonzado, mientras bajo el celular y dejo de escribir este texto.
― ¿Cómo? ― volteando la cabeza para un lado pues tiene
problemas de audición. Desde que le pedí el menú noté eso.
― Que tengo que terminar de escribir para un diario.
Parece que no me escuchó. Luego dijo:
― Enfermos van a terminar del cerebro.
A mi costado había una chica que también hacía lo mismo,
pero parecía que sacaba unas cuentas, estaba con su celular, su arroz con
pollo, su caldo de gallina, y un cuaderno con lapicero rojo, escribiendo
números. La señora se acerca a limpiar.
― Mira, ¿acá también? ¡Carajo, todos están locos!
Pese a que los dos estábamos haciendo algo importante
(ella sacando sus cuentas, yo escribiendo para el periódico) la señora tenía
razón, no nos estábamos dando el tiempo para disfrutar de su comida. Estuvo muy
buena, la sentí casera. La seguí con la mirada. Me trajo simpatía por lo que me
transmitió con esas palabras. Es que de ahí se me van las ideas. No, huevón,
deja ese celular y disfruta de la comida. El señor de mi costado terminó mucho
más rápido que yo, pese a que llegó después. Lo último que vi fue un gran plato
de lomo saltado, abundante, suculento.
― Voy a salir gordo de acá.
― ¿Qué?
― Que me ha servido bastante ― mientras se limpiaba la
boca con servilleta de papel―. Ha estado muy rico, mamita.
― Ah, sí, pues, yo soy la única acá que hace lomo saltado
con carne de res. De acá, todititos hacen con carne de caballo, todo feo. Yo lo
hago como debe ser.
― Rico, rico, mamita.
Le pagó y se despidió de ella con un beso en la cabeza.
Definitivamente no era su madre. Recuerdo que cuando llegó pidió normal, como
un cliente cualquiera. Sin embargo la trató como tal. Era muy distinto a ella.
Supuse que era un cliente asiduo y que ya había cierta confianza. La quería
como una madre.
De pronto se sirvió su comida para almorzar con su
esposo. Los dos comían lo mismo y la misma cantidad. Me dieron ganas de decirle
algo.
― Estuvo rico su adobo, señora.
― ¿Ah?
― Que estuvo rico su adobo de cerdo.
― Ah, sí, yo acá lo cocino bien. Mira, yo todo lo que
cocino acá lo hago como para mí, como si estuviera en mi casa, no para vender.
― Para vender es otra cosa, ¿no?
― Claro, pue’, lo hacen como sea, pa’ la gente. Yo lo
hago como pa’ mi, así, casero. Me gusta comer bien.
Asentí. Me sentí bien. No sabía a dónde estaba yendo
cuando decidí comer en el mercado Bolívar, que queda en la avenida Bolívar
1159. Había estado incómodo pues es difícil comer bien con poca plata y en un
lugar que no conoces. De pronto pasé a la comodidad. Quería agradecerle en ese
instante mientras me terminaba mi sopa de menudencia que me había servido. No
se pudo. Estaba ya rezando con los ojos cerrados, agradeciendo la comida de
hoy, o bendiciéndola. Esperé. Pagué y me fui con la ganas de darle un beso en
la frente también.
(1) Plastic planet: https://www.youtube.com/watch?v=cm1HYvO2lB8 ‘El plástico, que se ha vuelto
omnipresente en nuestra vida cotidiana, tiene sobre nuestra salud y sobre el
ecosistema efectos devastadores que no alcanzamos a sospechar: está presente en
la ropa que vestimos, se filtra inadvertidamente en la comida que ingerimos
(desde los envases) y a veces incluso lo introducimos voluntariamente en
nuestro cuerpo en forma de silicona.’
(2) Sicko: https://www.youtube.com/watch?v=9CDLoyXarXY ‘El rostro que no se ve del llamado
"sueño americano". En este documental de Michael Moore, sin el filtro
distorsionador de Hollywood, se puede ver la brutalidad de un sistema en uno de
los aspectos más sensibles para el ser humano como es la salud y su comparación
con otros países que han asumido una salud y una educación socializada.’
(3) Food Inc: https://www.youtube.com/watch?v=sx6K3E6nTr0 ‘Food, INC. es un incisivo y polémico
documental que trata sobre los diferentes cambios que ha tenido la industria
alimentaria hoy en día, desde los cultivos transgenicos, hasta la manipulación
genética del ganado.’