He sido frío siempre para los velorios. No me gusta
para nada. La última vez que fui a uno terminé chupando con mi amigo y su
viejo. Pero mi amigo no había perdido ningún familiar. El que murió fue la
abuela de su esposa Flor. Murió aquella señora que vendía unos ricos anticuchos
en mi barrio. Siempre le compraba. Desde pequeño me ha encantado comer en la
calle, todo lo sazonao, salao y grasoso. “Qué vas a llevar hoy, Elio?”. Me
encantaba todo. “Combinao, por favor”. Anticucho con pancita y sus papas
sancochadas calentadas en la parrilla. Todo el fuego le saltaba en la cara, se
encendía, roja. Uno que estaba al frente podía ver todo eso. A mí me encantaba
ese espectáculo. El humo la quería tapar pero ella siempre ahí, echando aire,
soplando, moviendo, echando aceite, seria, sus ojos abiertos, aguantando todo.
Vivía al frente de mi casa y siempre me veía llegar, jugar o lo que fuere. Se
molestaba cuando le daba comida a su perro, el Surqui. Un perro negro y flaco,
que cuando corría la parte de atrás de su cuerpo, la mitad, corría
paralelamente a la otra mitad de adelante. No sé cómo hacía pero corría rápido.
Yo le daba comida siempre. Si no era anticucho, le daba comida de mi gato, de
mis perros o lo que haya. Incluso llegué a comprarle comida del mercado. Le
sacaba las garrapatas con los ganchos que quedaban en el cordel de mi ropa. Me
gustaba ver cómo esos puntos negros, esas pasas no arrugadas reventaban de
sangre dejando una gran mancha roja en el piso. Una vez saqué una y la solté. Se
movía aún. La dejaba unos pasos y la pisaba. Los parásitos dan asco y merecen
morir. Ese perro comía poco, andaba la mayoría del tiempo en la calle y encima
le quitaban su sangre. Lo quería mucho. Sólo que no le gustaba el agua, olía
feo. Pero era suave y tranquilo. Cuidaba el barrio y ladraba a desconocidos.
“¿Te estás yendo a una fiesta o a un velorio?”
Estaba con una casaca amarilla, un pantalón rojo vino,
y unas zapatillas con los colores de la bandera de Jamaica. 'Claro, pues,
casaca amarilla'. Volteé y mi tió estaba de pantalón gris y una casaca marrón.
Tal vez lo más elegante que llevo es mi cabeza, combinación de blanco y negro
por las canas. Como esos tonos elegantes norteamericanos que uno ve por
películas e internet, Black & White party. Sí, al final eso creo que es mi
cabeza: party. Pero no voy a ningun party, voy a un velorio. Siempre hago
fiesta en mi cabeza, con mis amigas, las ideas.
Digo todo esto pues hoy es el velorio de un tío que ha
fallecido. Se llama Juan. No sabría qué decir. Ahora me acuerdo de su risa, por
ejemplo. Es igualita a la de mi abuelo. Los dos hermanos y de la selva. Me
hablaba un poco y me hacía bromas en doble sentido con mi abuelo. Yo me reía
también porque entendía lo que decían. Aunque a veces hablaban con palabras selváticas.
Shegue y Moshaco son tal vez las dos palabras que más se me quedaron.
“Su casa queda en San Martín, San Germán... Paralela a
la avenida Perú, pasando, al fondo, terminando... Por Plaza Norte, referencia.
Hay una avenida principal que no me acuerdo.”
Yo no sabía a dónde iba pero prestarle atención al
camino no quería. Es el camino por donde siempre paso para ir al Centro cuando
voy en taxi. Quería escribir, contar por qué se me han quedado más esas dos
palabras.
Hace tiempo tenía dos gatos. Eran tres en realidad,
pero a uno le puse Stalin. Los otros dos eran Shegue y Moshaco. Shegue era blanco, cariñoso. Pero
Shegue significaba miedoso, que no se atreve, que se paltea, que arruga,
asustadizo. Moshaco era mujeriego, pendejazo. Sin embargo Moshaco era como
Garfield, del mismo color, gordo y mujeriego tal vez pues venía seguido arañado
y sangrando.
“Shegue jajaja... Puta qué pendejo, hermano. Cómo se va
a llamar así tu gato. Y el otro Moshaco, qué desgraciao...”, decía mi tío Juan
y mi abuelo se reía. Los dos reían y bromeaban al respecto.
Otra cosa que me acuerdo de él es el día que borracho
se fue al baño y se sentó a cagar sin bajarse el pantalón. Mi familia lo dejó
durmiendo ahí. Al día siguiente creo que se bañó y se fue temprano.
“Tomás Valle. Tomás Valle era. Ya llegamos, ya,
practicamente.”
Había terminado 'Baby I love you way' de Peter
Frampton. Ya llegábamos y no sabía qué decir. Si me dicen 'unas palabras' diría
Shegue, Moshaco, y un pantalón lleno de caca, como define la vida Canserbero.
Ya llegamos. Ya llegaré también, tío.
Ir
escuchando:
De
la vida como película y su tragedia, comedia y acción / Canserbero: https://www.youtube.com/watch?v=rHQWP-NKgrc
Baby I love your way / Peter Frampton: https://www.youtube.com/watch?v=0gjWcnJLIZ0
