viernes, 26 de marzo de 2010
¿Por qué no cada uno es un color distinto y formamos un arco iris humano nunca antes visto?
¿Por qué hay que pensar en uno mismo todo el tiempo? ¿por qué hay que ser mejor que los demás? ¿Por qué no cada uno hace los suyo bien y diferente? Cada uno podría ser un color distinto y formar juntos un arco iris humano nunca antes visto.
miércoles, 24 de marzo de 2010
Aníñame la lengua.
El niño la mira. Mirada de manzana acaramelada. Un frío objeto los está apuntado. ¿Qué es eso?, pregunta. ¿Por qué ese objeto hace que ella saque la lengua? Debe de haber algún truco.
La mujer está entretenida en cómo posar, mas no se da cuenta que el niño observa sus hoyuelos. Por un momento le recuerda aquellos huecos que hay en la camisa de su padre cuando se le cae algún botón. ¿Acaso ella tuvo botones?
Oye, oye, ¿no quieres el botón de mi pantalón? Te caería de maravilla. Deja de decir tonterías, niño, y mira a la cámara. Al acercar sus dedos, siente que algo lo jala. Imágenes que el niño guardaba a su temprana edad, pasaban raudas, como pasan las líneas de la carretera cuando uno viaja. Inmediatamente retira sus manos. Oye, qué te pasa. Cambia de cara que no quiero que salgas asustado. Pero el corazón del niño latía, latía mucho, su pecho trataba de resistir. Cállate, corazón, que te van a escuchar. ¿Escucharán los demás como yo te escucho? Decide aprovechar el tumulto, el barullo de la familia caminando y riendo de un lado a otro. Quiere tapar esos hoyuelos por el simple capricho de la infancia. Pero apenas los tocó, fue violentamente absorbido. Absorbido como nave en un agujero negro.
La casa deja de tener la presencia inocente. La mirada dulce ya no nos empalaga. El rímel huye de los ojos de la chica. ¿Huyen de ella? En realidad es llevado por las lágrimas inocentes, a través de un lecho improvisado sobre las mejillas, que salen desde adentro de ¿ella? ¿o de él? La familia pregunta: ¿dónde se fue la inocencia del hogar? Ella se siente mal, tiembla, llora. No sabe qué palabras expulsar. No sabe qué niño mostrar.
Antes de esa foto, ella no sacaba la lengua. ¿Qué sucedió ese día? “¡Es que ese día fue pura joda! ¡Es que ese día quería tu sonrisa!”, piensa. Ahora la saca cada vez que se toma alguna foto con sus amigos. Se dice que es un tic, pero en verdad, ¡oh, en verdad les digo que es el niño que quiere escapar y con sus juguetes de nuevo jugar!
La mujer está entretenida en cómo posar, mas no se da cuenta que el niño observa sus hoyuelos. Por un momento le recuerda aquellos huecos que hay en la camisa de su padre cuando se le cae algún botón. ¿Acaso ella tuvo botones?
Oye, oye, ¿no quieres el botón de mi pantalón? Te caería de maravilla. Deja de decir tonterías, niño, y mira a la cámara. Al acercar sus dedos, siente que algo lo jala. Imágenes que el niño guardaba a su temprana edad, pasaban raudas, como pasan las líneas de la carretera cuando uno viaja. Inmediatamente retira sus manos. Oye, qué te pasa. Cambia de cara que no quiero que salgas asustado. Pero el corazón del niño latía, latía mucho, su pecho trataba de resistir. Cállate, corazón, que te van a escuchar. ¿Escucharán los demás como yo te escucho? Decide aprovechar el tumulto, el barullo de la familia caminando y riendo de un lado a otro. Quiere tapar esos hoyuelos por el simple capricho de la infancia. Pero apenas los tocó, fue violentamente absorbido. Absorbido como nave en un agujero negro.
La casa deja de tener la presencia inocente. La mirada dulce ya no nos empalaga. El rímel huye de los ojos de la chica. ¿Huyen de ella? En realidad es llevado por las lágrimas inocentes, a través de un lecho improvisado sobre las mejillas, que salen desde adentro de ¿ella? ¿o de él? La familia pregunta: ¿dónde se fue la inocencia del hogar? Ella se siente mal, tiembla, llora. No sabe qué palabras expulsar. No sabe qué niño mostrar.
Antes de esa foto, ella no sacaba la lengua. ¿Qué sucedió ese día? “¡Es que ese día fue pura joda! ¡Es que ese día quería tu sonrisa!”, piensa. Ahora la saca cada vez que se toma alguna foto con sus amigos. Se dice que es un tic, pero en verdad, ¡oh, en verdad les digo que es el niño que quiere escapar y con sus juguetes de nuevo jugar!
Un cuento mío que al menos ganó algo.
Ella actriz. Yo aprendiz.
Ella nació para artista. ¡Y qué artista! ¡Actriz de actrices! ¡Y qué papel! ¡De caníbal! ¿Caníbal? ¿Y qué artístico tiene eso? Todo. Además, atractivo. Si tan sólo usted la viera en el escenario poniéndole tanto ahínco a su papel. Con ese aspecto de quinceañera traviesa con encanto pueril, devorando piernas, brazos, cabezas, senos y miembros viriles, mientras su reluciente vestido se llena de máculas rojas por la salpicadura inevitable, el cual se convierte repentinamente en aquel maquillaje que le da el aspecto apasionante que debe tener una actriz.
Todos quedan estupefactos y horrorizados ante aquel acto de ― ¿amor?, ¿pasión?, ¿barbarie?, ¿sadismo? ―, como le llamaría yo, “expresión amorosa”, que se ponen de acuerdo para detener la obra y tumbar el escenario.
― ¡Deténganse! ―dije― Yo compraré este teatro junto con la actriz. No merece quedarse sin trabajo por la mala apreciación artística de ustedes, vulgares.
Entonces todos se retiraron clavándome miradas de repugnancia y de incomprensión.
Al fin, ella y yo, solos sin nada que decirnos. Así que me atreví a iniciar un diálogo preguntándole:
―¿Cómo lo haces?
―No lo sé. Simplemente hago lo que me gusta. ―dijo.
―Genial. Enséñame.
―Pues, ven. ―respondió.
Desde aquel momento no he hecho otra cosa que prestar atención a sus enseñanzas, e ir desapareciendo día tras día con su mágica interpretación.
*Relato Ganador del Tercer Puesto del Maratón de Micro Relatos La Palabra Provocada 2008
Ella nació para artista. ¡Y qué artista! ¡Actriz de actrices! ¡Y qué papel! ¡De caníbal! ¿Caníbal? ¿Y qué artístico tiene eso? Todo. Además, atractivo. Si tan sólo usted la viera en el escenario poniéndole tanto ahínco a su papel. Con ese aspecto de quinceañera traviesa con encanto pueril, devorando piernas, brazos, cabezas, senos y miembros viriles, mientras su reluciente vestido se llena de máculas rojas por la salpicadura inevitable, el cual se convierte repentinamente en aquel maquillaje que le da el aspecto apasionante que debe tener una actriz.
Todos quedan estupefactos y horrorizados ante aquel acto de ― ¿amor?, ¿pasión?, ¿barbarie?, ¿sadismo? ―, como le llamaría yo, “expresión amorosa”, que se ponen de acuerdo para detener la obra y tumbar el escenario.
― ¡Deténganse! ―dije― Yo compraré este teatro junto con la actriz. No merece quedarse sin trabajo por la mala apreciación artística de ustedes, vulgares.
Entonces todos se retiraron clavándome miradas de repugnancia y de incomprensión.
Al fin, ella y yo, solos sin nada que decirnos. Así que me atreví a iniciar un diálogo preguntándole:
―¿Cómo lo haces?
―No lo sé. Simplemente hago lo que me gusta. ―dijo.
―Genial. Enséñame.
―Pues, ven. ―respondió.
Desde aquel momento no he hecho otra cosa que prestar atención a sus enseñanzas, e ir desapareciendo día tras día con su mágica interpretación.
*Relato Ganador del Tercer Puesto del Maratón de Micro Relatos La Palabra Provocada 2008
lunes, 22 de marzo de 2010
Yo soy... Yo no sé quién yo soy.
Quién soy
Quién soy es el personaje constante, desapercibido e incómodo que está siempre conmigo. No lo podría describir exactamente, ni en apariencia ni en perfil de comportamiento, y mucho menos reconocerlo, por más que la policía lo ponga en una fila de cinco delincuentes con carteles y fondo blanco.
A veces sí puedo saber quién soy. Sucede cuando la urdimbre de las aventuras y desaventuras se pronuncia y me eleva en un podio que me da la seguridad de decir “yo soy…”. Pero esto sólo es momentáneo y pasajero porque cuando estoy en otra situación, me pregunto si sigo siendo el mismo o he cambiado. Puedo decir ahora quién soy sin preocuparme que más adelante no recuerde nada de lo que dije.
Soy una de las tantas piedras que son parte de una apacheta, de un camino, de un monte, de una fortaleza, de un monumento, de una ciudad. No me creo más que nadie, pero sí diferente. Soy aquel que no quiere seguir lo que todos piensan que uno debe o tiene que ser. Soy ese loco que piensa que el progreso o el avance tienen que ser grupal y no personal. Soy el que combate contra el “tienes que ser más y mejor que los demás”, porque nos está matando como personas. Soy un ser que concibe la música como alimento primordial. Soy ese que aprende a saber quién es con otras personas, que se encuentra y se reconoce en canciones, en libros, en dibujos, en poesías, en pensadores, en animales… en todo lo humano. Detesto la frase “donde fueres, haz lo que vieres”. Es tonto hacer algo que no quieres simplemente porque todos lo hacen. Como dijo Albert Camus: La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ella si uno no pensara siempre en sí mismo. Es la empatía la que rige mis decisiones, las cuales más adelante se vuelven en indecisiones. Pero estar indeciso siempre me hace dudar e interpretar, y pienso que interpretar es la verdad, pese a que esa verdad sea favorable o nociva para mí.
Quién soy es el personaje constante, desapercibido e incómodo que está siempre conmigo. No lo podría describir exactamente, ni en apariencia ni en perfil de comportamiento, y mucho menos reconocerlo, por más que la policía lo ponga en una fila de cinco delincuentes con carteles y fondo blanco.
A veces sí puedo saber quién soy. Sucede cuando la urdimbre de las aventuras y desaventuras se pronuncia y me eleva en un podio que me da la seguridad de decir “yo soy…”. Pero esto sólo es momentáneo y pasajero porque cuando estoy en otra situación, me pregunto si sigo siendo el mismo o he cambiado. Puedo decir ahora quién soy sin preocuparme que más adelante no recuerde nada de lo que dije.
Soy una de las tantas piedras que son parte de una apacheta, de un camino, de un monte, de una fortaleza, de un monumento, de una ciudad. No me creo más que nadie, pero sí diferente. Soy aquel que no quiere seguir lo que todos piensan que uno debe o tiene que ser. Soy ese loco que piensa que el progreso o el avance tienen que ser grupal y no personal. Soy el que combate contra el “tienes que ser más y mejor que los demás”, porque nos está matando como personas. Soy un ser que concibe la música como alimento primordial. Soy ese que aprende a saber quién es con otras personas, que se encuentra y se reconoce en canciones, en libros, en dibujos, en poesías, en pensadores, en animales… en todo lo humano. Detesto la frase “donde fueres, haz lo que vieres”. Es tonto hacer algo que no quieres simplemente porque todos lo hacen. Como dijo Albert Camus: La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ella si uno no pensara siempre en sí mismo. Es la empatía la que rige mis decisiones, las cuales más adelante se vuelven en indecisiones. Pero estar indeciso siempre me hace dudar e interpretar, y pienso que interpretar es la verdad, pese a que esa verdad sea favorable o nociva para mí.
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