Un alemán norteamericano, odia que le digan gringo, le da igual el fútbol y que su selección sea el actual campeón mundial. Le asombra los precios baratos del seguro de vida en Perú, de lo que cuesta el pasaje para subirse al tren eléctrico, y la mototaxi le asombra pero le gusta, considerando que es un buen vehículo para ir a trabajar.
- Las personas allá manejan, mínimo, a 180 km/h
- Vaya... Ahora ya entiendo por qué Schumacher fue campeón mundial.
- Y 7 veces.
-¿7 veces?
- Sí. Era el hombre más rico de Europa. Pero, al final quedó paralítico en un accidente esquiando. Ahora, ¿de qué te sirve tanto dinero en ese estado?
- Pero no puedo creer que la gente común vaya a tanta velocidad.
- Sí, pero también las muertes son diarias.
Al caminar por la avenida Miguel Iglesias, un tipo se resbala al pisar una botella de plástico.
-Aquí la basura mata mucha gente al año.
- Ya veo - me responde.
Para ilustrarlo, le conté que la semana pasada dos chatarreros se peleaban por la chatarra que había sacado de mi techo y que puse afuera de mi casa para una supuesta campaña de reciclaje que organizaba la municipalidad de mi distrito. Nunca llegaron. Mi basura era oro para esas dos personas. Unos panes, unos platos para levar a su familia. No te la des de tan bueno. Tal vez al final reciclaban para comprar un par de cervezas. Nada se sabe.
- Señor, disculpe, ¿este señor vive acá? - señalándome al otro que sacaba los palos.
- No. - respondí.
- ¿Ya ves? O' ya suelta ahí o' compare. Deja, deja ahí.
- Tas' loco, tú, ¿qué tienes? Yo conozco al dueño de la casa. Anda llámalo a Guillermo.
- No está- mentí para ahorrar conflictos con mi tío.- Eso es para el reciclaje de la municipalidad.
- ¿Ya ves? Ya suelta eso, oe', que yo soy de la municipalidad, tás' huevón.
- A ver tu carné...
La última imagen que tuve fue la los dos tipos pecheándose como dispuesto a pelear a muerte por esos trastos. Tirarse los trastos por la cabeza.
Al alemán le asustaba ver tanto basura, desorden y polución en la ciudad, y que dos personas se maten por basura. A mí me asustaba que los alemanes tengan dinero para autos y mueran en un arranque.

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Canicas
Me gusta la cumbia y me gusta que la bailes en las sábanas. ¿Qué más? Que seas tan helicoidal. ¿Qué más? Que te observo ahora mismo y no sé qué ropa llevas, pero sí qué clase de ojos y cabello vistes. ¿Qué más? Que tus nalgas sean tan independientes. ¿Qué más? Que tus ojos me recuerden a esas bolitas transparentes con las que jugaba de niño, esas que en el interior llevaban una ADN de color, mezcla de verde y amarillo, naranja y negro, azul y blanco... Y tantos colores más, simulando banderas de países que desconozco. ¿Qué más? Que seas de tantos países y a la vez de ninguno. ¿Qué más? Quedarme inconciente, como Schumacher, esquiando en mis labios sobre tu espalda. ¿Qué más? Que el concierto está por empezar y que aún nos quedemos mirándonos a 180 km/h. ¿Qué más? Que no entiendas mi trabajo y que aún sigas conmigo. ¿Qué más? Que esté en una calle oscura, de madrugada, y que tu nariz baje de un mototaxi a robarme besos. ¿Qué más? Que me dejes dibujarte trastes en tus pechos para practicar escalas hasta terminar como un trasto. ¿Qué más? Que me despierte erecto en la mañana y estés en el techo, en la pared, o en el ropero. ¿Qué más? Qué te estés acercando a mí como dos canicas a llevarme a la cocinita. ¿Qué más? Yo te pregunto a ti, ¿qué más?
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Un Si...
El guitarrista salía de la habitación en busca de su guitarra para empezar el concierto. Ya nadie estaba. El concierto se había acabado. Unos cuantos borrachos sentados, riéndose y hablando de política. Su guitarra no estaba. Miró a todos lados. Sí, estaba en una silla, su funda abierta, el cuerpo a medio salir, y la segunda cuerda rota. Preguntó por el culpable. Uno de ellos se rió y alzó las cejas en dirección de un tipo. Te dije que no la agarraras, ¿ya ves? El tipo, levantó su cabeza y miró al guitarrista. Le pidió disculpas, que estuvo probando algunos punteos y se rompió. No. No se rompió. Tú lo rompiste. Son 20 lucas. ¿Qué? Pero si es una cuerda, man. Las cuerdas no te la venden sueltas, no las que yo uso. Te puedo conseguir...
En ese instante, el guitarrista recordó todos los Si que pronunció en su vida, en aquellas suposiciones de ideas que lo acompañaban en su habitación, en los buses, en los viajes, en las conversaciones, en los bares, en la pista, en las camas, en los mensajes de texto, en los platos de pollo a la brasa, en las tortillas de marihuana, en las oscuridades, en los días, en las tardes, en los rulos, en los baños, en las ventanas, en las agendas... Todos Si's perdidos. También en los Sí que les fueron negados. Un Si roto esta noche, no podría soportarlo más.
- Me das los 20 soles o te rompo la cabeza con la guitarra, reconchatumadre.
Créditos de la foto del reciclador: https://adobe49.files.wordpress.com/2012/01/fotos-tradicionales-002.jpg
Crédito de la foto de las canicas: http://orig12.deviantart.net/76d7/f/2009/224/1/3/marbles_toy_by_jonnathon.jpg

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