De pronto despertamos y no estabas a mi lado. Un parpadeo no te trae de vuelta. Otro y no pareces. Escucho el agua que cae de la ducha e imagino cómo se deslizan las gotas en tu piel. Envidio a la que cae por tu derrier, envidio a la que cae por tu cadera, la que se avienta a tu ombligo, la que se aferra a tus pezones, la que moja tu cuello y tu sexo, la que te tapa el oído cuando te digo que ya es tarde.
Vienes al cuarto y la toalla te estorba. Nada puede estorbarme al abrazarte ni al besarte. Bebo tus gotas como Jugo especial. Desalojo las que interrumpen la escucha de mis te quiero. Les ahorro el sufrimiento a las que se aferraban en tus pechos. Tal vez no era envidia, sino celos. Los celos mueren sólo cuando libo de tu cuerpo.
Ya las gotas me marean.
Tu rostro se pierde.
Siento que alguien debe mantenerse
erguido y caminar hasta el borde d
e
l
ab
is
m
o…
Las caídas nunca tienen retorno, la mía no tenía final. Adoraba caer. Sentir que llegaba al final, pero no. Seguimos hasta continuar y tumbar finales. Tus dientes apretando tus labios generaban curvas emocionantes al cruzarlas con velocidad. Todo era fuerza y azote del alma. Todo era cabalgar en una acera y no tocar jamás los arbustos. Quién fuera sino tú para hallar la dirección.
El tiempo apura. Hay cosas que hacer.

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