Siento que me pesa la cabeza. Te multiplicas siempre. Tus casi 60 kilos se multiplican por cuatro, cinco, seis. No puedo aguantar el peso. Me quiero quitar la cabeza. Tarde, me doy cuenta que ya está muy grande. Empujo a la gente. Primera vez que veía que la gente se "apegaba" de verdad. Me paré y pedí permiso para salir. Choqué con uno de los tubos que está de forma vertical. Pensé que me quedaría atrapado en ese bus todo el día, toda la semana, tal vez. La gente comenzó a gritarle al chofer que detuviera el carro para que me baje. Vi que no podría salir por esa estrechez. De pronto vi Ventana de Emergencia en letras rojas. Al costado decía Pull down en letras blancas. Jalé con todas mis fuerzas, pero no funcionó. No sé qué otra emergencia podría haber en el bus para que podamos usar esta maldita ventana. No aguanté. No aguanto los lugares cerrados. Encima había gente sin bañarse, como yo. Incliné mi cabeza para atrás, le metí un cabezaso a la venta y salí.
Me fui a un parque. Quería sentarme en una banca. Busco pero la mayoría está ocupada. Encuentro una. Voy, me siento. Me quito la cabeza y la pongo a un costado. No sabía cómo volverla a su estado natural. La sacudo y caes tú. Estás en el piso, me miras preocupada, yo te miro sin saber si mirarte. Te paras. Me sonríes. Hay cierto resplandor, nubosidad, vida. Sacudo un poco más y sales de nuevo. Ahora vistes de otra manera. Estás molesta. No sé si es porque no quisiste salir de mi cabeza o porque te molesta estar ahí. Sacudo otra vez y sales de nuevo. Vistes diferente. Eres seria, tienes los ojos sorprendidos a la vez. Tu boca va a un ritmo diferente de tu cuerpo. Estás tranquila, sólo tu cara se mueve. Sacudo una más y te veo asqueada y triste. No sé si es por mí o por ti misma. Recuerdo cuando conocí a la primera y me encantó. Siempre quise mantenerla así. Hice mi mejor esfuerzo. Creo que lo lograba. Al menos disfrutaba esos deslizamientos que quería que nunca tuvieran fin. Luego recordé cuando conocí a la segunda. Aún así te veía linda. Eras sal y miel a la vez. Ese sabor me agradaba. Luego recordé cómo conocí a la tercera. Ese momento fue como esos pocos momentos en los que uno siente que no pone esfuerzo ni atención para atender y escuchar.
Atendería a las 3 pero están dispersas, inquietas, perdidas. Tengo muchas piedras en mi vida. Pensaba arreglarlas en forma de ciudadela para tenerte como el Inca tenía a su Coya en el Macchu Picchu. Pero Coya era la esposa principal. Yo quería que tú fueras la única que pasee por ahí. Pero la ciudadela me salió mal y la derrumbaste muchas veces.
Ahora ando endeudado. Me costaron mucho las piedras, los adornos, los cuadros; todo el diseño de interiores y exteriores. No sé cómo pagarlo. Pienso si vender caramelos, si tocar en los carros o si venderme a mí mismo. Pienso, pienso. Todo se vuelve a multiplicar. Vuelve a crecerme la cabeza. Es mejor no volver a meterte ahí. Es un lugar sucio. Tú no mereces eso. Tú mereces respirar donde hay aire, donde hay vida.
Tengo piedras. Estoy cabezón. Piedra por piedra me hice apacheta.
Por el camino me siento, me ordeno, mido, me oriento, vigilo. Trato ir al origen de mi significado.

"Piedra por piedra me hice apacheta",.. piedra tras piedra me vuelvo piedra...
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