domingo, 2 de junio de 2013

Manos arriba


¿Qué pasa que la tierra pide ayuda? ¿Qué pasa que la tierra alza sus manos pidiendo misericordia? "¿acaso te has olvidado de mí? ¿Qué hice para merecer vivir con toda esta carga?", parece conversarle al de arriba que casi nunca hace caso. Las líneas de sus manos son las huellas de nuestra destrucción.

Antes solía ser al revés. Nuestros antecesores solían izar sus corazones hacia lo inalcanzable, hacia lo indómito. Con ritmo se movían los pies, con ellos las manos; los pechos y los miembros hacían lo propio, de lado a lado, maniobrando y equilibrando el navío. No se sabía de notas, de pasos. No había críticos de danza, ni jurado de bandas, ni disqueras internacionales que digan por dónde ir y cómo hacerlo. Nada de esas cosas innecesarias. Era la pureza y simpleza de rendir culto, de pedir favores, de agradecer el día a día. Agradecer que siendo inferiores físicamente frente a otros, amanecíamos vivos, sin ser devorados ni despedazados. Ser concientes que la comida no la fabricábamos nosotros, sino que procedía de la propia naturaleza, y que ella era nuestra madre.

¿Cuándo fue el momento en que el hombre se olvidó de ser hombre y se volvió Dios? ¿Desde cuándo se le olvida que somos pequeños frente a la grandeza del planeta, e ínfimos frente al universo?

Se inventan "facilitadores de la vida". Se obtiene comida con tan sólo caminar dos pasos. Se consumen lo innecesario. Los minerales son apreciados más que el agua y el aire. Sólo el hombre tiene derecho a ser feliz y los demás animales no.

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