La esencia de las instituciones de educación inicial debiera servir como modelo de la escuela posterior. Porque la profesora de inicial, a diferencia de otros niveles, no separa el cuerpo del espíritu ni el juego del trabajo ni la autoridad del afecto. Las matemáticas, el lenguaje, las ciencias, están allí como mundo, antes del big bang del currículum, antes de la fragmentación tediosa del saber. Y la curiosidad infantil, su voz, tiene sitio, construye e interroga. Y lo hace también con las manos, con la arcilla, con los plumones, con las tijeritas, con el papel de color, con la danza, con la canción. Y la maestra está atenta al amor propio eludiendo la competencia, dando confianza y aliento, afirmando la identidad.
Constantino Carvallo.
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