domingo, 6 de junio de 2010

Mirada triste, mirada perdida.

Todos la observaban. Su cuerpo acomodaba su traje rojo de seda. El escote hacía relucir aún más su tostada piel, que parecía haber robado el color del cobre. Su larga cabellera negra, ensortijada, protegía recelosa su rostro, pero ahí era donde sus grandes ojos verdes salían a cautivar aún más al público masculino. Era un adorno que sobresalía ante los muchos adornos lujosos que estaban en la fiesta.

A ella no le importaba cuántos la miraran. Se acercó a la barra. La suavidad era propia de ella. Se sentó cual ave se posa en la rama de un árbol. Cruzó las piernas. En ningún momento perdió de vista al chico que ahora estaba a su lado. Ella pide un apple martini. Lo sigue observando. El tipo se agarraba la frente, con el brazo apoyado en la mesa, haciendo círculos y dibujos invisibles con su dedo en la servilleta. Un vaso de cerveza a su costado.

¿Has venido solo? Él voltea. La mira sorprendido y sus palabras tardan en salir. No, tartamudea, es sólo que... que... mi corazón está solo. Ella da una media sonrisa. Te dejó tu novia. No, es sólo que alguien que yo esperaba no ha venido. ¡Qué casualidad! A mí también me han fallado esta noche. Nunca te había visto antes en alguna fiesta. Me invitó el amigo de una amiga. Él iba a hacer una pregunta, pero ella se adelanta. ¿Por qué no vamos a bailar? Se levanta y lo toma del brazo.

Las copas iban y venían. Intercambio constante de sonrisas. Miradas de envidia para él. En un par de ocasiones se le acercó un amigo para invitarlo al grupo. Él se negó. Estaré con Dania. Todavía nos estamos conociendo. Dió un guiño a su amigo. Este sonrió, afirmó con la cabeza y se fue.

Dime, Rod, ¿por qué no nos vamos a platicar más tranquilos afuera? Él aceptó. Salieron. Ella le pide que le prenda un cigarro. Ella fuma un par de veces. Él está movido y muy sonriente. Ella lo besa. Rod aprovecha la situación y juguetea con sus manos el cuerpo de Dania.

Mi auto está afuera. ¿Qué esperamos? Salen de la residencia. El portero los despide con venia. Saca su llave. Caminan. Abre el carro. Se acerca un tipo. Señor, disculpe pero tiene que pagar el parqueo. ¿Qué parqueo? Rod muestra su cara de confusión, cuando se aparece un tipo por detrás y le da con la pistola en la nuca. El primer tipo que habló le tapa la boca a la chica. Abre la puerta trasera y la mete. El otro recoje al muchacho. Lo pone en el asiento del copiloto y mete las llaves para manejar.

Cuando avanzan un par de cuadras, el tipo del asiento trasero le suelta la boca a Dania. Este sonríe con ella. El que manejaba los mira por el retrovisor y también se ríe. El portero de la residencia se dio cuenta de lo sucedido. Poco pudo hacer, más que apuntar la placa. Rápidamente informa a la policía.

El celular de Dania suena.

Aló
Dania, ¿ya tienes a mi hijastro?
Sí, todo bien. Es algo tonto, la verdad.
Como su padre. Sonríe. En fin, llévenlo al lugar donde quedamos. Ya luego haremos la llamada para el rescate. Ah, y dile a Rodrigo que lo quiero y lo estaré esperando.
Dania cuelga.
Maneja rápido, Rodrigo, que Susana te estará esperando. Él se acomoda el cabello. Sigue manejando.

Susana con las piernas encima de la mesa. Coge un vaso de whiskey. En la mesa hay dos pasajes. Destino: Francia.

Al día siguiente se anuncia en los periódicos: "Hijo de magnate de televisión es secuestrado. Testigos afirman verlo salir de la fiesta con una extraña y atractiva mujer."

En la foto se logra ver al magnate con Susana. Él con cara absorbida por la tristeza. Susana tiene la mirada perdida.

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